El lío comenzó con la intervención en 2001 en Argentina del Banco Galicia, que tenía una sucursal en Montevideo. Luego, en enero de 2002, quedó al descubierto una gran estafa de los hermanos Carlos y José Rohm, contra el Banco Comercial, del que eran accionistas y directivos. En marzo la calificadora de riesgo Standard & Poor's rebajó la nota de la deuda uruguaya, por lo que se perdió el "grado inversor" adquirido en 1997. La rebaja implicaba el retiro automático de grandes inversionistas que están obligados a guiarse por la escala de las calificadoras.
El Banco de Crédito rápidamente quedó en la insolvencia. Y por último comenzó a rumorearse que el Banco Montevideo, controlado por la familia Peirano Basso, tenía dificultades para cubrir los retiros debido a que había quedado demasiado expuesto por sus operaciones en Argentina.
En suma: focos de fiebre aftosa y pérdida de mercados selectos, caída abrupta de las exportaciones hacia Brasil y Argentina, quiebras y desempleo masivo, enorme déficit fiscal, deuda creciente y cada vez más cara, pánico entre los depositantes, bancos en apuros, temor a disturbios y saqueos. Era la tormenta perfecta.
En seis meses de 2002 los ahorristas retiraron el 47% de sus depósitos en Uruguay para guardarlos en otros bancos locales con respaldo internacional, bajo el colchón o para enviarlos al exterior.
La depresión provocó quiebras en cadena, incluidos varios bancos, desempleo récord desde que hay mediciones, caída del salario y pobreza extendida. La moneda se devaluó 88% en pocos días y la deuda pública, que luego se reprogramó en acuerdo con los acreedores, llegó al 100% del Producto Bruto Interno. La tasa de natalidad cayó en picada, síntoma de pesimismo, y 200 mil personas dejaron el país entre 2000 y 2009 para radicarse en España, Estados Unidos o Brasil".
Tomado de: "La crisis de 2002: cuando todo dejó de funcionar", por Miguel Arregui, Una historia del dinero en Uruguay, Milonga y obsesiones, El Observador. Publicado en la web agosto 29, 2018.
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