jueves, 23 de marzo de 2017

Los campos de concentración y de exterminio

 

A partir de 1933 comenzaron a construirse en Alemania campos de concentración para internar a quienes se planteaban contra el régimen nazi: socialistas, comunistas, sindicalistas, demócratas, gitanos y homosexuales, entre otros. En 1938, después de aprobadas las leyes antisemitas de Nuremberg, se comenzó a deportar a estos campos también a los judíos. En un comienzo, los deportados eran alemanes, pero cuando se inició la expansión a Europa, estos provenían de todos los países invadidos. Eran campos disciplinarios y de trabajo, donde los deportados se convirtieron en mano de obra esclava que trabajaba largas y extenuantes jornadas cada día. Cuando se enfermaban eran dados de baja. Algunos de estos campos eran también campos de exterminio, destinados al asesinato masivo de resistentes y, especialmente, de judíos. El más grande y donde murieron más personas fue Auschwitz-Birkenau, situado cerca de la ciudad de Cracovia, en Polonia. A los campos se accedía por tren, en vagones de carga, en un viaje que, por lo general, duraba varios días. Al llegar el tren a destino, niños, ancianos y enfermos eran pasados directamente a las cámaras de gas, puesto que no eran útiles para los trabajos forzados. Cada deportado debía llevar un distintivo cosido sobre su uniforme a rayas, el cual daba cuenta del origen de su internamiento.





Las pérdidas humanas y materiales provocadas por este conflicto fueron incalculables, según lo explica el siguiente texto de Eric Hobsbawm:

“Para ambos bandos esta era una guerra de religión o, en términos modernos, de ideologías. Era también una lucha por la supervivencia para la mayor parte de los países involucrados. Como lo demuestran los casos de Polonia y de las partes ocupadas de la Unión Soviética, así como el destino de los judíos, cuyo exterminio sistemático se dio a conocer gradualmente a un mundo que no podía creer que eso fuera verdad, el precio de la derrota a manos del régimen nacional socialista alemán era la esclavitud y la muerte. Por ello, la guerra se desarrolló sin límite alguno. La Segunda Guerra Mundial significó el paso de la guerra masiva a la guerra total”.


martes, 21 de marzo de 2017

La Segunda Guerra Mundial

Antecedentes de la Guerra ¿Era evitable la guerra? 

Desde la perspectiva de Alemania, Italia y Japón, no lo era.

La Alemania de Hitler buscó por todos los medios que esta se produjera: violaron las disposiciones del Tratado de Versalles; se equiparon militarmente; colaboraron activamente en la Guerra Civil española; invadieron la región de los Sudetes en Checoslovaquia, donde vivían más de tres millones de alemanes, y anexaron Austria. De esta forma, durante la segunda mitad de los años treinta, la Alemania nazi y la Italia fascista se preparaban activamente para la guerra, ambas convencidas de tener que realizar un esfuerzo expansionista, cargaban resentimientos y humillaciones como consecuencia de los tratados de paz posteriores a la Primera Guerra Mundial. 

Por su parte Japón, tenía un gobierno que llevaba adelante una agresiva política imperialista. Se había enfrentado con Rusia en 1904-1905 y, más tarde, en 1931, invadió Manchuria, en China. Su intención de controlar y transformarse en potencia hegemónica del Pacífico pasaba por un enfrentamiento con Estados Unidos, que presentaba intenciones similares respecto de la región. Así, en 1940 llega a un acuerdo con Alemania e Italia, realizando un pacto denominado Eje Berlín-Roma-Tokio. 

A pesar de esto, Hitler sabía que no podía empezar el conflicto sin tener la certeza de que la Unión Soviética (URSS) no se involucraría, ya que si así sucedía tendría que luchar en dos frentes, contra Francia y contra la URSS. Es por esto que en agosto de 1939 Alemania firmó un pacto secreto con la URSS gobrnada por Josip Stalin. En ese pacto acordaron la neutralidad de la Unión Soviética y la repartición de Polonia. Posteriormente, ya en plena guerra, Hitler decidió violar el acuerdo, iniciando en junio de 1941 la operación Barbarroja, que organizaba la invasión de la Unión Soviética, la cual pasaría así a engrosar las filas del frente aliado (todos los países atacados por las potencias del Eje). 

Por mucho que las potencias democráticas de Europa no quisieran involucrarse nuevamente en un “baño de sangre”, la “actitud” de Alemania hacía imposible cualquier esfuerzo de paz. Llegó un momento en que el conflicto bélico fue inevitable. Los países “aliados”, Inglaterra y Francia, fijaron como punto límite del expansionismo alemán a Polonia, país que Hitler ordenó invadir en los primeros días de septiembre de 1939. A partir de este hecho, Inglaterra y más tarde Francia declararon la guerra a Alemania.

Desarrollo de la guerra 

En la Segunda Guerra Mundial se enfrentaron dos visiones de mundo total y absolutamente contrapuestas; fue, por lo tanto, una guerra de ideologías y una guerra de exterminio, donde las posibilidades de negociación eran imposibles. En ella se jugaba la defensa no solo de sistemas políticos diferentes –democracia liberal y comunismo soviético unidos contra el autoritarismo fascista–, sino también de visiones y percepciones muy distintas respecto del ser humano, la sociedad y la cultura. Para los estados involucrados no quedaba más alternativa que la victoria total, ya que estaba en juego la sobrevivencia. Por tales razones, ambos bandos aunaron todos sus esfuerzos materiales y humanos, movilizaron al 20 % de su población activa, y desplegaron economías de guerra, con gran desarrollo de la industria pesada, orientada a la fabricación de aviones, carros de combate, tanques, cohetes, portaviones, submarinos, etc. 

A diferencia de la Primera Guerra, que se desarrolló principalmente en el frente europeo, la Segunda Guerra Mundial tuvo como escenario prácticamente todo el planeta. Tras la primera fase, netamente europea, la guerra adquirió su carácter mundial con operaciones simultáneas en los Océanos Atlántico, Pacífico e Índico, además de los frentes continentales de Europa, Asia y África. Las armas y estrategias defensivas de la Primera Guerra Mundial –ametralladoras, minas, trincheras–, dieron paso a armas ofensivas en la Segunda Guerra, por lo cual las campañas se caracterizaron por su gran movilidad, con la utilización de tanques, aviones bombarderos, submarinos y portaviones para la guerra naval; estos últimos especialmente en el frente del Pacífico. Si en la Primera Guerra las operaciones militares se centraron en los frentes de batalla, en la Segunda se involucra a la población civil en su conjunto, y esta es sometida a bombardeos en las ciudades, saqueos en sus aldeas o requisamiento de sus propiedades rurales. 

Texto tomado y adaptado del libro de Gonzalo Álvarez y Macarena Barahona, "Historia y Ciencias Sociales", Santiago de Chile (2010).