En el año 1999 comenzó un período de recesión económica que se profundizó en
los años siguientes, acumulándose entre 1998 y 2002 una caída del producto del
orden del 17.5%. En términos de síntesis, la caída de la actividad comenzó
asociada a la pérdida de competitividad con Brasil ocasionada por la devaluación
de la moneda en dicho país, la cual se sumó a la que ya venía experimentando
Uruguay con respecto al resto del mundo. Los efectos se agravaron debido a la
conjunción de otros factores: el aumento de la tasa de interés internacional y del
precio del petróleo, la caída de los precios internacionales de ciertos bienes
exportables del país (carne, lana y arroz, entre otros), la sequía con impactos
especialmente negativos en los sectores agropecuario y de producción de
electricidad y la aparición de la aftosa a principios del 2001 que implicó el cierre
de varios mercados de destino de las exportaciones uruguayas. Por último, se
sumaron los efectos del abrupto abandono de la convertibilidad y el estallido de
la crisis financiera en la Argentina seguidos por la crisis financiera en Uruguay,
culminando el año 2002 con una caída del producto de 10.8%.
En este contexto, la tasa de desempleo trepó hasta alcanzar sus máximos niveles
históricos arrojando un promedio de 17% en el año 2002 al tiempo que creció el desempleo de larga duración. A su vez los valores promedios de las pasividades,
los ingresos del trabajo y del capital cayeron en términos reales..."
Tomado de: "Uruguay 1998-2002:
¿quiénes ganaron y quiénes perdieron en la crisis?", Marisa Bucheli y Magdalena Furtado, Trabajo de consultoría realizado para CEPAL, Oficina de Montevideo, 2004. Disponible en la web.
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